Por tanto, la Ansiedad…
La ansiedad como respuesta natural de los organismos vivos se expresa de múltiples formas:
A nivel cognitivo: Son todos los pensamientos que se generan cuando estamos nerviosos. A través de estos evaluamos si la situación implica peligro o no.
A nivel motor: Son todas las cosas que hacemos, las más frecuentes son agitación motora (hacer las cosas más rápido), mover repetidamente una parte del cuerpo (por ejemplo, la pierna), correr, etc.
A nivel fisiológico/emocional: Latidos fuertes del corazón, respiración agitada, tensión muscular, frustración, incomodidad, etc.
Cuando nos sentimos ansiosos, tendemos a buscar una explicación que justifique ese estado en algo que nos ha pasado o nos está ocurriendo en ese momento o que esperamos que suceda. En este caso, la relación entre un estímulo (amenaza) y una respuesta (ansiedad) nos parece evidente. Sin embargo, hemos de tener claro que la respuesta depende de cómo vivimos esa situación más que del estímulo en sí mismo.
Es decir, la ansiedad puede ser respuesta a algo, pero también puede “nacer de dentro”, surgir dentro de nosotros mismos. Ese estado de inquietud, desasosiego y/o nerviosismo es aún más doloroso que cuando es algo concreto lo que motiva nuestra respuesta de ansiedad. No encontramos una explicación para ello, y por tanto nos cuesta entenderlo, asumirlo, controlarlo o anularlo. Esta ansiedad que nace de dentro es algo peculiar de cada uno de nosotros, y que hay personas que tienen mucha tendencia a sentirla o padecerla y otras que apenas la experimentan, que son “muy tranquilas”.
Es evidente que cuando la ansiedad es una respuesta a algo que nos sucede, el hecho de sentirla supone que nos interesamos por el problema, tratamos de resolverlo, nos preparamos para ello, etc. En este sentido, la ansiedad es NORMAL. Cuando la ansiedad dificulta el rendimiento, entonces empieza a ser perjudicial, pues provoca sufrimiento y no sirve para resolver las causas que lo motivan.
Es importante distinguir entre:
La ANSIEDAD PERJUDICIAL depende de:
Por tanto, este tipo de ansiedad desadaptativa aparecerá si:
Cuando una persona sufre ansiedad (nerviosismo), la propia percepción de este estado supone un factor de mantenimiento muy importante e igualmente generador de ansiedad (vergüenza, sentimiento de inseguridad o invalidez), ya que la autoimagen se deteriora al sentirse incapacitada, al mostrarse ante los demás como un individuo “nervioso”.
Es decir, en la respuesta de ansiedad influyen factores cognitivos personales (autopercepción) y otros de interacción social (relación).
La ansiedad tiene su origen en la necesidad de escapar de los peligros. Es decir, los humanos somos animales, que al igual que otras especies debían escapar de los depredadores.
Si nos fijamos, lo que nuestro cuerpo hace cuando se pone nervioso es prepararse para una rápida huída:
El problema es que en la actualidad, los humanos ya no tenemos que escapar de los depredadores, ahora, nuestras señales de peligro (y por lo tanto, fuentes de ansiedad) son otras. Por ejemplo, el trabajo, las situaciones que nos dan miedo, los exámenes, las situaciones que nos traen a la cabeza recuerdos de situaciones dolorosas, etc.
Respondemos ante estos nuevos “leones” de la forma para la que estamos biológicamente preparados, es decir, escapando y ¿cómo nos preparamos para escapar? Activándonos.
El inconveniente, es que esta respuesta ancestral, que era muy buena para huir de los depredadores ya no es tan buena para afrontar las dificultades del día a día. De nada me sirve estar preparado para correr cuando me enfrento a un examen o a una situación difícil. Es más, la mayoría de las ocasiones resulta contraproducente.
Esta actividad/proyecto ha sido financiado por la Comunidad de Madrid a través de la subvención del 0,7% del IRPF.
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